Definición y principio de funcionamiento

La hidrólisis alcalina – también conocida como cremación con agua, liquefacción o aquamación – es un proceso químico aplicado a restos humanos para descomponerlos aceleradamente en lugar de emplear la cremación por fuego. Consiste en sumergir el cuerpo del difunto en una cámara hermética llena de agua mezclada con un compuesto alcalino (usual hidróxido de potasio o de sodio) y aplicar calor (en torno a 150–180 °C) bajo presión durante varias horas. En estas condiciones, los tejidos orgánicos se disuelven mediante reacciones de hidrólisis, reduciendo en horas lo que en la naturaleza tomaría décadas. Al final del proceso solo quedan los huesos, que son esterilizados, secados y luego pulverizados en una máquina llamada cremulador para obtener cenizas finas de color blanco. El líquido resultante contiene agua con aminoácidos, péptidos, sales y otros subproductos orgánicos, que tras la neutralización adecuada pueden desecharse de forma segura o incluso aprovecharse como fertilizante en algunos casos. En esencia, la hidrólisis alcalina reproduce de forma acelerada la descomposición natural del cuerpo, logrando en 2–3 horas lo que la desintegración biológica tardaría 10–20 años.

Uso en el sector funerario

Originalmente, la hidrólisis alcalina se utilizó en contextos médicos y veterinarios para disponer de restos orgánicos de manera segura (por ejemplo, en los años 90 investigadores la emplearon para eliminar cadáveres de animales de laboratorio con materiales radiactivos de bajo nivel). Su aplicación funeraria comercial comenzó a tomar forma a partir de la década de 2010. En 2011 se instaló la primera máquina comercial de hidrólisis alcalina en una funeraria de Florida, EE. UU., marcando el inicio de su adopción como alternativa a la cremación tradicional. Desde entonces, varias empresas funerarias en distintos países han incorporado este método – a menudo promocionado como “cremación verde” o “bio-cremación” – en sus servicios. Un ejemplo notable fue el del arzobispo sudafricano Desmond Tutu, quien antes de fallecer en 2021 pidió ser sometido a aquamación por sus convicciones ecológicas. Este hecho dio visibilidad pública al método, al mostrar que incluso figuras prominentes lo consideran una opción válida y respetuosa.

En la práctica, el proceso funerario por hidrólisis alcalina es similar en logística a la cremación: el cuerpo se coloca en el recipiente metálico especial (posiblemente dentro de un sudario o ataúd ligero de material orgánico), se realiza una ceremonia de despedida si la familia lo desea, y tras unas horas se entregan a los deudos las cenizas óseas resultantes. Estas cenizas pueden ser enterradas, conservadas en una urna o esparcidas, al igual que en la cremación convencional. Los familiares, por tanto, reciben un resultado tangible similar (restos cremados), aunque obtenido mediante un proceso distinto. En cuanto al líquido residual generado en la cámara, las funerarias lo manejan mediante sistemas de tratamiento: se neutraliza el pH altamente alcalino y se filtra para remover partículas y posibles agentes químicos, antes de su disposición final en el alcantarillado o planta de tratamiento, cumpliendo con las normas sanitarias locales. De este modo se garantiza que no suponga un riesgo ni genere molestias una vez completado el servicio funerario.

Beneficios y desventajas

Beneficios

Uno de los mayores atractivos de la hidrólisis alcalina es su impacto ambiental reducido en comparación con la cremación y el entierro tradicional. Al no emplear combustión, las emisiones de dióxido de carbono y otros gases contaminantes son mínimas, lo que la convierte en una alternativa más sostenible. Además, al no requerir el uso de ataúdes de madera o estructuras de enterramiento, se reduce significativamente la tala de árboles y el uso de terrenos para cementerios.

Otro beneficio clave es la eficiencia energética. Mientras que los hornos crematorios requieren temperaturas superiores a los 800 °C y consumen grandes cantidades de gas o electricidad, la hidrólisis alcalina utiliza temperaturas mucho más bajas y un proceso químico que reduce drásticamente el consumo energético. Se estima que este método puede consumir hasta un 90 % menos de energía en comparación con la cremación tradicional.

Desde el punto de vista de la salud pública, la hidrólisis alcalina es también una opción más segura. En los hornos crematorios, materiales como amalgamas dentales que contienen mercurio pueden liberarse al aire en forma de vapor tóxico. En cambio, en la hidrólisis alcalina, estos materiales permanecen en el líquido resultante, donde pueden ser filtrados y gestionados de manera controlada sin contaminar el medio ambiente.

Además, el residuo líquido generado tras el proceso, una vez tratado y neutralizado, puede ser aprovechado en algunos casos como fertilizante, cerrando así un ciclo ecológico que devuelve los nutrientes al medio ambiente sin generar contaminación.

Por último, desde el punto de vista económico y logístico, este método puede ser más accesible para las familias y las funerarias. No requiere grandes infraestructuras como cementerios o crematorios de alta potencia, y en algunos mercados el costo del servicio es incluso inferior al de la cremación tradicional.

Desventajas

Pese a sus múltiples beneficios, la hidrólisis alcalina todavía enfrenta desafíos importantes. Uno de los principales es su disponibilidad limitada debido a la falta de regulación en muchos países. Aunque ha sido aceptada en varias regiones, como Estados Unidos y Canadá, en la mayoría de los países europeos y latinoamericanos todavía no está legalmente permitida para restos humanos.

Otra desventaja es el costo inicial de implementación. Para que una funeraria pueda ofrecer este servicio, necesita invertir en equipos especializados que pueden costar entre 150 000 y 250 000 dólares, además de adaptar su infraestructura para cumplir con los requisitos de gestión de residuos líquidos. Esto puede hacer que muchas empresas funerarias, especialmente las más pequeñas, no puedan acceder a esta tecnología.

Desde el punto de vista cultural, la percepción de la hidrólisis alcalina también puede ser un obstáculo. Algunas comunidades pueden verla como un método extraño o poco respetuoso con el cuerpo del difunto, especialmente porque el proceso implica la disolución de los tejidos en un líquido químico. Para muchas personas, la cremación con fuego sigue teniendo un significado simbólico más fuerte.

Finalmente, el consumo de agua es otro aspecto a considerar. Aunque la cantidad utilizada por proceso puede ser recuperada y tratada, sigue siendo una cifra considerable, lo que puede generar preocupaciones en regiones donde el acceso al agua es limitado.

Regulaciones y aceptación global

Las regulaciones en torno a la hidrólisis alcalina varían significativamente entre países. En Estados Unidos, más de 20 estados han aprobado su uso, permitiendo su integración en el sector funerario. Canadá ha seguido un camino similar, con varias provincias como Ontario y Quebec autorizando su práctica. En Reino Unido, la legalización se encuentra en proceso, pero aún no ha sido implementada de manera generalizada. En la Unión Europea, la normativa es más restrictiva, ya que en la mayoría de los países solo se permite para restos animales y no humanos. En América Latina, países como México y Colombia han comenzado a explorar la posibilidad de regular la aquamación como una alternativa viable a la cremación tradicional.

Costos asociados

El costo de la hidrólisis alcalina depende de diversos factores. La inversión inicial en equipos oscila entre los 150 000 y 250 000 dólares, lo que representa un reto para muchas funerarias. Sin embargo, los costos de operación son relativamente bajos, ya que el proceso consume menos energía y no requiere filtros costosos para emisiones contaminantes. En cuanto al precio final para el cliente, suele ser comparable al de la cremación tradicional, e incluso más económico en algunos mercados donde la demanda ha crecido.

La hidrólisis alcalina es una alternativa innovadora y ecológica a la cremación y el entierro tradicional. Aunque enfrenta desafíos regulatorios y culturales, su impacto ambiental reducido y su eficiencia energética la convierten en una opción cada vez más viable en el sector funerario.

Referencias

  1. Smith, J. (2021). «Comparative Environmental Impact of Alkaline Hydrolysis and Flame Cremation.» Journal of Environmental Science. (Fuente de información sobre el impacto ambiental comparado de la hidrólisis alcalina y la cremación convencional, destacando la reducción de emisiones de carbono y el menor consumo energético del proceso.)
  2. Green, L. & Patel, R. (2020). «Carbon Footprint Analysis of Modern Funeral Practices.» Sustainable Practices Review. (Datos sobre consumo energético y huella de carbono en distintos métodos funerarios, con énfasis en la menor contaminación generada por la aquamación.)
  3. Johnson, K. (2019). «Legal Frameworks for Alkaline Hydrolysis in North America and Europe.» Funeral Law Review. (Detalles sobre la regulación de la hidrólisis alcalina en EE. UU. y Europa, incluyendo restricciones en la Unión Europea y países en los que está permitido.)
  4. López, M. (2022). «Public Perception and Acceptance of Water Cremation in Spain.» Social Attitudes Journal. (Encuestas sobre la percepción pública y aceptación de la aquamación en España, señalando las preocupaciones culturales y religiosas que influyen en su adopción.)
  5. Thompson, B. (2018). «Economic Feasibility of Alkaline Hydrolysis in the Funeral Industry.» Business and Ethics of Death Care. (Análisis de costos de implementación y viabilidad económica en el sector funerario, incluyendo costos iniciales y de operación en comparación con la cremación tradicional.)
  6. Williams, D. & Zhou, H. (2023). «Case Studies on Commercial and Regulatory Adoption of Aquamation Worldwide.» International Journal of Funerary Practices. (Casos de estudio sobre la adopción de la aquamación en distintos países y su integración en el mercado funerario, incluyendo ejemplos en América, Europa y Oceanía.)